Jueves 20 de Septiembre de 2018
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farandula
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Años 80s..
Jun 18, 2018 | Fuente y/o Autor: http://merengala.blogspot.com/
Años 80s..
A principio de los años 80, en pleno auge y apogeo de la orquesta de Wilfrido Vargas, la oficina de estrategas que trabajaba con la agrupación diseñó una serie de conciertos en las cárceles del país.
(Wilfrido siempre se manejó con el apoyo logístico de intelectuales, grandes empresarios disqueros, periodistas y promotores. Yaqui Núñez le puso el nombre a las Chicán y al programa Wilfrido en Vivo. Pero estuvieron Willy Rodríguez, Pena Manso, José Rafael Lantigua, Fafa Taveras, Juan TH, Cristhian Jiménez, Zorro, entre otros.)

Parte del plan de promoción de Wilfrido incluía labores sociales en la comunidad.

La de él ha sido una de las improntas más completas en la historia del arte popular dominicano, porque cuando había que apuntalar su sentir social en lo histórico o en lo político, le cantaba a Enrique Blanco, a Duarte, a Caamaño, o sencillamente a la patria. En su música abrevaba de lo popular con temas como El Barbarazo, El Barrigón, Abusadora, pero en lo social se iba a niveles a donde nadie llegaba.

Igual sucedía cuando coqueteaba con la clases sociales de gustos refinados, con propuestas como la de Wilfrido Sinfónico, que le permitía cimentar otras facetas a un músico que había tenido su origen en bandas de música, tocando con Los Beduinos en el Casbah, pero que antes de eso había cartero en Altamira.

Pero bien, Zorro se ha extendido con detalles sobre Wilfrido, cuando en verdad de lo que desea hablar es de los conciertos en las cárceles del país.Aunque trabajaba para la empresa de Wilfrido, como productor y conductor de su show televisivo "Wilfrido en Vivo", fue Domingo Bautista, gerente de promoción de la empresa, quien nos motivó para que asistieramos a esos conciertos pues nunca habíamos visitado la cárcel de La Victoria.

La primera fue una presentación en la cárcel del Ensanche La Fe, al lado de Radio Continental de don Pepé Justiniano, luego de cumplir con muchos requisitos, porque algunos presos aprovechan esas actividades para escapar hasta dentro del estuche de un piano o de un saxofón. El registro era muy riguroso, por razones entendibles.

El concierto se dio muy bueno, y los presos lo disfrutaron a plenitud, pues nadie, según decían, "se recordaba de ellos".

Correspondió luego una presentación en la Cárcel de la Victoria, con una experiencia muy traumática al ver el hacinamiento y las condiciones infrahumanas en que vivían esos presos.

"Pobrecitos esos presos...qué lástima me dan", comentaba.

Un capitán al servicio del penal que escuchaba me miró con ojos burlones y boca retorcida. Era de tez oscura, con una cicatriz en la barbilla y con un aspecto siniestro.

-Utede vienen a tocarle a lo preso, en balde, porque esa gente no agradece. A esos hijos de su maldita madre los sueltan y vuelven y caen preso por lo mismo por lo que están aquí ahora mismo. Se lo digo yo que tengo 20 años aquí bregando con presos y me lo conozco a todos.

Cuando el capitán dijo eso en verdad no pude responderle.

En cierto modo esas palabras me prejuiciaron en contra de los presos. Y no podía decir la expresión cliché aquella de que con ello "pagaban justos por pecadores", porque si estaban allí era precisamente porque habían pecado contra las leyes.

La única vez en que volví a una cárcel desde entonces fue en la ocasión en que fui a ver al amigo René Fiallo, cuando estuvo preso en Najayo por un problema de negocios con el difunto Milton Peláez.

Leyendo ayer unas estadísticas según las cuales la mitad de los reclusos que son puestos en libertad retornan a la cárcel por el mismo delito, recordé al capital carcelario con cara de asesino parecido al célebre Masámbula que ya me había dicho lo mismo 30 años atrás..
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