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Marcos Caminero es el “fucú” de las Estrellas
Jan 09, 2015 | Fuente y/o Autor: Merengala
Marcos Caminero es el “fucú” de las Estrellas
Se acusa al merenguero Marcos Caminero de activar el fucú ancestral que alegadamente mantiene a las Estrellas de Oriente fuera de las mieles de ganar un campeonato en el Béisbol Profesional de la República Dominicana.

Cronistas como Melvin José Bejarán, del programa “Nación Deportiva”, que se transmite al mediodía por ESPN Radio Dominicana, sostienen que “todo iba sobre ruedas para los verdes, hasta que Caminero grabó un tema que titula Mi Equipo ya Ganó”.

De acuerdo a Bejarán, no es la primera vez que una interpretación de Caminero corta el ritmo ganador de las Estrellas, ya que igual situación se ha dado en otras temporadas.

En el pais, una gran proporción de fanáticos tiene la convicción de que cuando el conjunto de sus simpatías entra en rachas perdedoras, ya sean de corta o de larga duración, como es el caso de las Estrellas, que no gana desde 1967, es porque hay un “fucú” en sus filas.

Según la creencia, un fucú es un símbolo de malar suerte, que puede “azarar” a un equipo, ya sea de manera inadvertida o infiltrado con fines deliberados.

Amable rompió el Fucú Oriental
La presencia del senador de la provincia Altagracia, Amable Aristy Castro, en el estadio Tetelo Vargas, el pasado miércoles, fue vista como factor positivo para que las locales Estrellas orientales rompieran su racha negativa desde el inicio del año 2015.

En efecto, las Estrellas obtuvieron su primer triunfo a partir de enero en el round robin, al derrotar a las Aguilas Cibaeñas 2 por 1, para empatar en la segunda posición, por debajo de los punteros Gigantes. Los Toros de la Romana están en el sótano.

Amable, devoto de la Virgen de la Altagracia, Patrona de República Dominicana, celebró alegremente al final del partido junto a directivos, jugadores y fanáticos orientales.

Supersticiones, ritos y cábalas, muy vinculados al béisbol


El Bambino
Hasta deportistas que no necesariamente son creyentes, se someten a prácticas rigurosas en procura de mantenerse enrachados o romper “slumps”.
Se Sabe de peloteros que cuando inician una cadena de hits, juegos ganados o salvados llegan al extremo de no cambiarse determinadas prendas de su indumentaria, incluso calzoncillos, que se dejan puestos hasta por varias semanas sin lavarlos.

Los fanáticos no escapan a la tendencia, y los cultos que ejercitan son innumerables, y lo más significativo es la convicción de que ciertamente al realizarlos contribuyen a que sus equipos ganen o que así “azaran” a los contrarios.

Por ejemplo, no es nada raro, aunque lo parezca, que un apasionado seguidor de un equipos de la pelota profesional dominicana se niegue a sentarse en momentos que su conjunto está bajo amenaza.
Otros, apagan o bajan el televisor o la radio cuando su equipo amenaza con empatar o tomar ventajas en el juego, como forma de “ligar” la suerte.
Ricardo Carty, un portentoso bateador, tanto aquí como en Grandes Ligas, siempre ha confesado que apelaba a su bruja particular, quien le ensalmaba su legendario bate negro.

En Estados Unidos, principal potencia mundial, y donde se juega el béisbol de mayor nivel, las supersticiones forman parte intrínseca del juego.

Es frecuente ver que algunos jugadores jamás pisan las líneas de cal que marcan el terreno donde se juega, mientras que muchos latinos se persignan al entrar en la caja de bateo.
De ahí, que cuando Boston, que aglutinaba a los estelares dominicanos Pedro Martinez, David Ortiz y Manny Ramirez, ganó en 2004 su primera Serie Mundial frente a los Cardenales de San Luis, tras 86 años de sequía, se proclamaba que por fin había roto “la maldición del Bambino”.
Se trata de que en 1920, tras ganar la Serie Mundial de 1918, los Boston Red Sox vendieron al entonces joven George Herman Ruth (Babe Ruth), a su mayor rival, los New York Yankees, por cien mil dólares.

Esa suma, en la época, parecía buen precio, pero constituyó una de las peores ventas en la historia del deporte americano. En 1918, Babe Ruth era aún pitcher de los Medias Rojas y les ayudó a ganar tres series mundiales en los años 1915, 1916 y 1918.

En el mismo Boston, fue que Ruth empezó a incursionar en los jardines, y al ir a los Yankees se convirtió en la leyenda del bateo que todos conocen. Estableció su record de 714 cuadrangulares de por vida, que se mantuvo por varias décadas, además de conducir a los Mulos del Bronx a ganar las series mundiales de 1923, 1927, 1928 y 1932.

En tanto, Boston cayó en la racha negativa que le excluyo de los títulos cimeros, y que dio a inicio a la creencia de la llamada Maldición del Bambino.Chicago Cubs y “la Maldición de la Cabra”Hay otra franquicia con historia en este sentido, ya que desde hace más de 60 años solo acumula decepción tras decepción. Según la leyenda que se extendió con el tiempo, las desdichas comenzaron el 6 de octubre de 1945 cuando un tabernero de la zona lanzó una maldición.

El 6 de octubre de 1945, Chicago Cubs recibió en el Wrigley Field a los Tigres de Detroit, para disputar el cuarto partido de la Serie Mundial. El equipo estaba 2-1 arriba y un triunfo lo ponía a las puertas de una nueva consagración.

Al estadio llegó Billy Sianis, inmigrante griego dueño de la taberna Billy’s Goat (la Cabra de Billy). Iba acompañado de su cabra Murphy, que consideraba un amuleto de la suerte y que también servía para promover el bar, ubicado a pocas cuadras de la cancha. Ambos tenían sus boletas.

En la puerta a Sianis le negaron entrar con su mascota. “Los Cubs no ganarán nunca más la Serie Mundial hasta que no le permitan a la cabra ingresar a Wrigley Field”, maldijo un enojado Billy. Crease o no, Chicago Cubs perdió la final con Detroit Tigers.
Una carta suscrita por Billy y enviada a Wrigley cuestionaba: ¿Y ahora quién apesta?”, una vez consumada la derrota, y desde entonces Chicago Cubs jamás volvió a clasificar a la Serie Mundial. Así nació la Maldición de la Cabra.


A partir de 1946 y hasta la actualidad las temporadas de Chicago Cubs son un cúmulo de desgracias que sirvieron para alimentar el mito. Por eso en el imaginario popular es visto como un equipo perdedor, lejos de la imagen exitosa de fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX.
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