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También somos gagá.
Feb 24, 2016 | Fuente y/o Autor: Hoy.com.do
También somos gagá.
Parecería un chiste, pero no. La afirmación que da título a este artículo figura en la página web de la Comunidad Virtual de Proyectos Culturales del Ministerio de Cultura, y con ella parecería que se quiere justificar la instalación de una “academia” de gagá en La Romana, bajo la sombrilla de dicha institución.

Dicha escuela fue inaugurada a principios de 2014, con el disgusto de diversos sectores de la provincia. Ni cortos ni perezosos grupos religiosos lanzaron una campaña conocida como “Cero Gagá en La Romana”, con el resultado de que recientemente y con toda discreción, la entidad fue cerrada. Sin embargo, esto no es un atenuante para un hecho que se enmarca en una política cultural desnacionalizante.

Por razones obvias, la frase “todos somos gagá” semeja una reedición de aquel eslogan que coreaba un grupo de mujeres de reconocidas ONG extranjeras: “Todas Somos Haití”, en medio de un discurso del presidente Danilo Medina, en ocasión de inaugurarse la XII Conferencia Regional sobre la Mujer de América Latina y el Caribe de la CEPAL, un mes después de la Sentencia 168-13.

Cabe destacar que lo que ha sucedido posteriormente parece una película de intrigas del peor gusto. En cuanto al lema que da pie a este comentario, semejaría un eslabón más de una saga, de un “culebrón” cuyos capítulos son pasos pequeños pero firmes, encaminados a demostrar con palabras y hechos que República Dominicana y Haití son una misma cosa.

Confundir nuestra cultura con la del país vecino

El problema no es sólo lo relativo al ga-gá o ra-rá, que por cierto, es una danza ritual religiosa vinculada al voudu, muy ajena a la fe más cultivada por el pueblo dominicano, la cristiana.

El problema es que desde hace más de veinte años las artes plásticas haitianas circulan dentro y fuera del país como si fueran dominicanas. Es fácil ver pinturas naíf proliferar sin ningún control en las calles más transitadas por los turistas especialmente en Santiago y Santo Domingo.

Esta distorsión que enmascara las manifestaciones visuales dominicanas no preocupa a nadie, sino que las autoridades no parecen enterarse. Antes bien, en la promoción que hace el Gobierno a través del Ministerio de Cultura, pueden verse las artesanías haitianas destacadas como si fueran dominicanas.



Academia de Ga-Ga

A la distancia de un click, en el enlace correspondiente a la citada página (http://www.proyectosculturalesrd.com/#!Tambi%C3%A9n-somos-gag%C3%A1/cnpm/563cb3530cf23796cd8fe54d)

aparece la siguiente perla en el cuarto párrafo:

“Como fiel exponente de todas las tradiciones culturales del país, sin exclusión de ninguna especie, el Ministerio de Cultura, a través del Programa de Proyectos Culturales, ha asumido el financiamiento de proyectos que reconocen, rescatan y valoran estas tradiciones, tales como la de los guloyas (de San Pedro de Macorís), las provenientes de las migraciones caribeñas de habla inglesa asentadas en Samaná, y las que compartimos con la vecina República de Haití, ejemplo de las cuales es el gagá”.

Esto no parece del todo exacto, porque de las manifestaciones culturales de los diferentes grupos migrantes, sólo figura la haitiana en la lista de los proyectos del Ministerio de Cultura.

Si bien la página describe con aparente claridad los objetivos del proyecto de Enseñanza de Música y Danza del Gagá, hay un aspecto básico que provoca dudas, y es la percepción de que la fundación de dicha academia es una forma de oficializar la conservación y transmisión de los elementos religiosos del voudú, puesto que dicho ritmo está estrechamente vinculado a rituales de esa fe.

De hecho, en La Romana grupos religiosos cristianos y comunitarios de jóvenes se oponen a esta práctica, al punto de que lanzaron la citada campaña “Cero gagá en La Romana”.

Por otro lado, en las redes también circula un vídeo donde el coordinador del proyecto e instructor de gagá, a quien conocen por el sobrenombre de “Buquí” presenta una muestra de algunos bailes que practican las “estudiantes” de la recién clausurada escuela -jóvenes de muy corta edad- quienes dan un penoso espectáculo que dejaría cortas a las más obscenas bailarinas de “reggaetón”.

Según dice Cultura, dichos objetivos se dirigen a “la sensibilización y la conservación de las tradiciones culturales de los bateyes”, mediante el establecimiento de “una escuela-taller-laboratorio de formación”, en aspectos tales como ejecución musical, danza, construcción de instrumentos y confección de vestuarios y utilería.
Ga-ga o ra-ra. ¿Folklore o culto religioso?

Este rito llega a los bateyes con los obreros haitianos y se mantiene como una tradición en algunas zonas cañeras del país. Es practicado fundamentalmente por los nacionales del vecino país y sus descendientes, y algunos dominicanos residentes en dichas áreas, de manera particular en cuaresma, semana santa y en menor medida en las celebraciones de carnaval.

En su prólogo al libro de la antropóloga norteamericana ya fallecida June Rosenberg, “El ga-ga: Religión y Sociedad de un culto dominicano”, que data de la década del 70, el investigador social Marcio Veloz Maggiolo asegura que este culto “no constituye una expresión folklórica ni carnavalesca, como creen muchos investigadores y curiosos.”

Antes bien, “El Gagá, cuya manifestación pública más elocuente es su expresión por las celebraciones de semana santa, es todo un conjunto de relaciones socio-religiosas que opera desde un contexto social rural, ligado al ingenio y a la caña de azúcar”.

Veloz Magiolo explica que el gagá se organiza en torno a relaciones jerárquicas en las que predominan “los contactos con el mundo de los espíritus, los guedés, los luá, los seres del ritual radá y del ritual petró”. Diversos investigadores señalan que dicha fe tiene muchos elementos sincréticos que incluyen formas de relaciones africanas y occidentales, como el voudu, cristianismo, santería, espiritismo, entre otras.

Como punto de interés cabe destacar que los petrós son divinidades provenientes de la fe makaya, otra religión de mucha trascendencia en Haití, y que de acuerdo al historiador haitiano Jean Ghasmann Bissainthe, compite con el voudu en cuanto a la captación de adeptos. Señala que “el servidor del culto petró debe pasar por un largo proceso de iniciación hasta lograr conseguir los más poderosos secretos de la magia negra”.

En su obra “Haití: el drama nacional”, publicada en 2012, el historiador indica que “en el pasado, los haitianos creían firmemente en la compatibilidad de las religiones africanas con el catolicismo, la masonería o el islam. Todavía se produce esa dualidad y los campesinos en particular participan en las celebraciones católicas; pero en horas vespertinas y nocturnas organizan otras actividades que los ponen en contacto directo con sus dioses ancestrales”.

Por su lado, la investigadora June Rosenberg explica que la posesión es uno de los elementos fundamentales del rito gagá: “Sin duda, el fenómeno central y crucial en las ceremonias del Gagá es el trance o posesión espiritual, ya tratado de manera definitiva por Bourguignon en un estudio que se refiere a toda el área del Caribe”.

La antropóloga afirma que: “Los creyentes de este sistema mágico-religioso creen devotamente en un dios supremo de tipo cristiano y en otros varios espíritus, misterios o seres de origen vodú (llamados “loá” o “luá” en español) que ellos identifican con los santos cristianos”.

“Así pues” afirma, “en las creencias y prácticas vinculadas con los Gagá se dan los siguientes fenómenos religiosos: animismo, mana, tabú, dendrotría (adoración de los árboles) aunque manifestada en forma indirecta, sacrificio, ritos de purificación, y algo que se aproxima a un culto de los muertos, etc. Esta no es una enumeración exhaustiva”. Enfatiza en que hay otros fenómenos religiosos relacionados con el Gagá y que no puede descartarse la posibilidad de que existan otros más que todavía no se conozcan.

Un poco de historia

En su obra Haití: el drama nacional, el historiador Jean Ghasmann Bissainthe señala que los petrós pertenecen a la religión makaya y constituyen una jerarquía más poderosa y agresiva que la de los luases rada. A esta creencia pertenecieron personajes de la talla de Jean Jacques Dessalines, padre de la patria haitiana e ideólogo de la ofensiva en la que fueron arrasadas numerosas poblaciones en Santo Domingo Español, en 1805.

También, en época más reciente, puede contarse entre sus adeptos al fallecido dictador Francois Duvalier. En cambio, Toussaint Louverture, pertenecía al rito rada. Otros héroes de la revolución haitiana poseían la dualidad de pertenecer también a la masonería.

Características de la celebración del gagá

En la actualidad, la celebración del gagá en las demarcaciones vinculadas a la industria azucarera y en donde proliferan núcleos poblacionales haitianos, incluye una serie de ceremonias y actividades que son más conocidas y llamativas en cuaresma y Semana Santa, también en algunas festividades de los carnavales dominicanos.

El ritual del gagá comienza su ceremonia con el rompimiento de un huevo, el jueves santo a las doce de la noche, viernes y sábado de Gloria extendiéndose a veces hasta el domingo de resurrección. Son usuales algunos instrumentos de percusión y viento, y suelen llevar los oficiantes atavíos llamativos. Algunas de sus danzas suelen tener una connotación claramente sensual.

La preparación comienza temprano, a veces con un mes de antelación a la Semana Santa. Hay grupos o bandas de gagá que suelen desplazarse por las calles de ciudades y campos, tocando y cantando canciones rituales. Esto también sucede en el país vecino para la misma fecha.

En Haití, de acuerdo a lo descrito por la antropóloga June Rosenberg los participantes en los cultos rará “Son grupos ambulantes que al llegar la Cuaresma y generalmente los sábados, van de campo en campo y de casa en casa, tocando “palos”, “vaccines” de bambú y otros instrumentos musicales. Al mismo tiempo bailan con pasos muy diestros (una parte de los cuales, a juicio de algunos observadores, ejecutan lascivamente) y hacen juegos de mano con bastones especiales. Los participantes se visten de diferentes maneras, sin que a veces falten algunos “trasvestidos”, el Viernes Santo”.

Indica que “Los grupos llamados “bandes de Rará” se reúnen el Viernes Santo en el pueblo de Léogane, a donde llegan a pie y todos tocando, cantando, bailando y vestidos con trajes especiales. Acuden muchos cientos de individuos pertenecientes a distintas “bandes”, y muchos espectadores, incluso de la clase media y alta”. Destaca que estas escenas son muy comunes en Haití durante la Cuaresma.

En República Dominicana esos desplazamientos de las bandas o grupos de gagá que suceden especialmente por algunas ciudades del Este y el Sur, Así como en zonas rurales e inmediaciones de los bateyes, muchas veces provocan disgusto por la algarabía y la tendencia a caotizar los espacios por donde transitan. En numerosas ocasiones han surgido trifulcas por diversas razones, que han dejado como resultado heridos y muertos.

A modo de ilustración vale la pena recordar algunos hechos en torno a estas celebraciones: el 27 de febrero del año pasado La Romana fue escenario de un gagá que se celebró, de acuerdo a medios de dicha provincia, “con la presencia de dominicanos, haitianos, comparsas y hasta “Batman”.

Este desfile recorrió todas las calles céntricas de dicha ciudad, provocando “el enojo de muchos ciudadanos que entendían que se trataba de una provocación”, debido a las tensiones que se presentaron el año pasado entre Haiti y Republica Dominicana. En ésa y otras ocasiones se reportaron rituales en los que alegadamente la Bandera Nacional ha resultado ultrajada.

También en La Romana, la Policía reportó la detención de un haitiano por la muerte de un compatriota, durante una fiesta de gagá en el batey Palo Blanco, en marzo del 2015. El supuesto matador dijo a las autoridades que estaba celoso de la víctima, por haber sido amante de su novia.

En la Semana Santa del año pasado, el jefe de la Dirección Regional Sureste de la PN se reunió en San Pedro de Macorís con los organizadores de grupos de gagá, para asignarles rutas y evitar los choques entre bandas de ese culto, cuyas diferencias son proclives a generar enfrentamientos violentos.
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